“Salir de la melancolía”: Arte, género y derechos humanos

Fabiana Rojas

Fabiana Rojas

Escrito por: Fabiana Rojas, comisionada de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 

Rock, censura y memoria: El lugar de Serú Girán en la historia

“Serú Girán fue la mejor banda del rock argentino”, sostiene el periodista y escritor Mariano del Mazo en Entre lujurias y represión, sobre el grupo integrado por Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro. Se trata del reconocimiento de un fenómeno cultural que, en apenas cuatro años, marcó un antes y un después en la historia del rock latinoamericano. En un contexto atravesado por la dictadura militar argentina (1976–1983), Serú Girán logró algo inusual: unir una masividad popular inédita para el rock de la época con una propuesta musical sofisticada y letras cargadas de crítica social, muchas veces en clave alegórica para eludir la censura.

La relación entre rock y dictadura fue ambivalente. No todo el movimiento encarnó una resistencia frontal, pero sí abrió un espacio de disenso, de refugio y de expresión simbólica frente al silencio impuesto. En ese marco, Serú Girán destacó como la “banda bisagra” capaz de articular lo íntimo y lo político, lo estético y lo social. Canciones como “Canción de Alicia en el país” (1980) hicieron evidente que la metáfora podía transformarse en denuncia, describiendo a un país atrapado en la represión y el miedo.

Dentro de esa producción, “Salir de la melancolía” (1981) ocupa un lugar singular. Más allá de su belleza musical, la canción propone un doble horizonte de liberación: interpela los mandatos de género que subordinan a mujeres y hombres, y, al mismo tiempo, sugiere la necesidad de superar el dolor colectivo de un país herido. En otras palabras, la obra conecta el terreno de lo íntimo con la lucha social más amplia por la libertad, la justicia y la dignidad.

Este artículo propone entender “Salir de la melancolía” desde la perspectiva de los derechos humanos, entendiendo que la canción no solo fue una pieza cultural de su tiempo, sino también un gesto de resistencia que, cuatro décadas después, sigue iluminando debates sobre género, memoria y emancipación.

Una doble liberación: Mujeres, hombres y la crítica al patriarcado

Aunque a primera vista “Salir de la melancolía” podría interpretarse como una canción sobre desencuentros amorosos, una lectura atenta de su letra revela una crítica a las estructuras patriarcales que atraviesan las relaciones de género. En pleno 1981, cuando las mujeres aún veían severamente restringida su autonomía política, social y cultural en la Argentina dictatorial, Serú Girán se atrevió a afirmar un principio que hoy reconocemos como esencial a los derechos humanos: “Ella debe ser como quiere ser”. Esta frase resuena como una reivindicación temprana del derecho de las mujeres a la autodeterminación, en un contexto donde esa libertad les era sistemáticamente negada.

La canción plantea, además, una reflexión sobre la masculinidad hegemónica. La figura masculina es presentada como prisionera de sí misma: “rompe las cadenas que te atan a la eterna pena de ser hombre y de poseer”. En esta línea, Serú Girán cuestiona un modelo patriarcal que no solo subordina a las mujeres al rol de objeto amoroso o conyugal, sino que también condena al hombre a una identidad basada en el control, la dominación y la posesión. La “pena” no está en ser hombre en sí mismo, sino en la imposición de un ideal de virilidad que lo aleja de la libertad emocional, del respeto y de la autenticidad.

En este sentido, la canción propone una doble liberación: la de las mujeres respecto a un amor entendido como subordinación y la de los hombres respecto a un mandato de masculinidad que les impide establecer relaciones igualitarias y genuinas. La invitación a salir de la melancolía no es, por lo tanto, solo personal, sino colectiva: implica romper con estructuras opresivas que generan sufrimiento, tanto en lo íntimo como en lo social.

Desde la perspectiva de los derechos humanos, esta lectura cobra especial relevancia. El reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres, así como la crítica a los roles de género que sostienen la discriminación, forman parte del desarrollo progresivo del derecho internacional de los derechos humanos (Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, 1979). La canción de Serú Girán anticipa, desde el terreno del arte, debates que décadas después se harían centrales en América Latina: la necesidad de despatriarcalizar las relaciones sociales y de garantizar la libertad de ser y decidir sin miedo ni subordinación.

Así, “Salir de la melancolía” se inscribe en una tradición de expresiones artísticas que, en medio de la censura y la represión, lograron introducir de manera poética cuestionamientos radicales a las estructuras de poder. En lugar de un discurso frontal, opta por la sutileza de la metáfora y el lenguaje musical para enunciar algo tan simple como transformador: que nadie debe ser prisionero del amor entendido como control, ni de la vida entendida como dominación.

Dictadura, censura y duelo

La palabra “melancolía”, en la canción de Serú Girán, trasciende lo íntimo para convertirse en una metáfora de época. Es importante tomar en cuenta la tristeza colectiva que atravesaba a la sociedad argentina bajo la dictadura militar. El sufrimiento era el peso de la represión, de las ausencias forzadas, de la injusta censura. El llamado a “salir de la melancolía” puede leerse, entonces, como una invitación a superar la parálisis del miedo y del dolor para abrir paso a la búsqueda de justicia y libertad.

Este gesto no era menor en un continente donde la censura cultural formaba parte de un plan sistemático. Como señala el historiador Sergio Pujol, la prohibición de la música popular no fue exclusiva de la dictadura argentina, sino un objetivo central de las dictaduras del Cono Sur, en lo que él denomina “el Plan Cóndor en su versión de censura cultural”. En Chile, tras el golpe de 1973, el régimen de Augusto Pinochet persiguió al movimiento del Canto Popular, llegando al extremo de asesinar a Víctor Jara, símbolo de la canción comprometida. En Uruguay, voces como Alfredo Zitarrosa y Daniel Viglietti debieron exiliarse. En Brasil, Caetano Veloso y Gilberto Gil fueron encarcelados y luego obligados a emigrar. La represión cultural fue continental, y su objetivo era despojar a los pueblos de sus lenguajes de identidad, memoria y resistencia.

Argentina no fue la excepción. Mientras Serú Girán llenaba estadios y buscaba formas de decir lo indecible, la Junta Militar elaboraba listas negras con más de doscientas canciones prohibidas, desde Mercedes Sosa hasta los Rolling Stones. Paradójicamente, esas mismas canciones eran utilizadas en los centros clandestinos de detención como armas de tortura, reproducidas a volumen ensordecedor para tapar los gritos de las personas secuestradas y quebrar su voluntad. Como señala Abel Gilbert, la proximidad entre lugares de tortura como la ESMA y espacios culturales como el Teatro Colón u Obras Sanitarias revela la perturbadora coexistencia entre la barbarie y lo sublime.

En este marco, “Salir de la melancolía”, al hablar de cadenas, de prisiones íntimas y de la necesidad de liberación, dialoga con el clima opresivo de su tiempo. Frente a un Estado que convertía “el alma del hombre en un campo de batalla”, como lo dijo el propio almirante Massera, el arte se convirtió en un refugio simbólico y en un arma de resistencia. Las metáforas y los recursos poéticos permitieron que la denuncia sobreviviera donde la palabra directa era imposible.

Así, la “melancolía eterna de sufrir de amor” puede leerse también como el duelo de un país que lloraba en silencio a sus desaparecidos y reprimidos, pero también como la promesa de que ese dolor podía transformarse en acción. La canción de Serú Girán, con su ambigüedad poética, invita a salir del encierro emocional y político, a no quedar atrapados en la tristeza, y a buscar en cambio verdad, justicia y libertad.

El valor político del arte en contextos autoritarios

En un contexto de censura y represión, el arte se convierte en un lenguaje cifrado. Lo que en la superficie puede sonar como una reflexión íntima, como un duelo amoroso o una exhortación a la libertad personal, en realidad se transforma en una denuncia social y política. En “Salir de la melancolía”, Serú Girán construye una narrativa poética que, al mismo tiempo que interpela las relaciones de género, cuestiona también las cadenas invisibles de una sociedad atravesada por el miedo y el silenciamiento.

Este gesto no solo es estético, es también un acto de afirmación de derechos. El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) reconoce la libertad de opinión y de expresión, y el artículo 27 el derecho de toda persona a “tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, gozar de las artes y participar en el progreso científico”. En dictaduras que buscaban controlar incluso el “alma” de las personas, defender la cultura y sostener espacios de creación era en sí mismo una forma de resistencia y de reivindicación de la dignidad humana.

La historia latinoamericana está atravesada por ejemplos en este sentido. En Argentina, la voz de Mercedes Sosa se convirtió en un emblema de la canción comprometida, incluso desde el exilio, y sus interpretaciones prohibidas se transmitían clandestinamente como símbolo de esperanza. En Cuba, Silvio Rodríguez y la Nueva Trova hicieron de la canción una herramienta de crítica social y de construcción de conciencia política. En el Perú, el colectivo teatral Yuyachkani sostuvo, en los años más duros de la violencia política, una propuesta escénica que vinculaba arte, memoria y comunidad, acompañando procesos de denuncia y de resiliencia colectiva.

En todos estos casos, el arte no fue un adorno de la historia, sino una de sus formas de resistencia más poderosas. Permitió sostener la memoria cuando se intentaba imponer el olvido, transmitir denuncias en medio de la censura y mantener vivas las preguntas sobre justicia, libertad e igualdad. Serú Girán, con “Salir de la melancolía”, se inscribe en esta tradición: la de quienes hicieron del arte un refugio y una trinchera y una forma de  recordarnos que incluso en los contextos más oscuros, la creación cultural sigue siendo un acto de emancipación.

Conclusiones

En Salir de la melancolía, Serú Girán traza un puente entre la herida íntima y la herida colectiva. Allí donde parece hablar de un amor extraviado, late también la voz de un pueblo que buscaba resquebrajar las cadenas del miedo. La canción invita a imaginar la libertad como un gesto compartido: dejar de vigilar a las mujeres y dejar de obedecer a los dictadores, abrir las puertas de la intimidad y las de la sociedad.

La melancolía, entendida no solo como tristeza individual sino como duelo de una época, encuentra en la música un cauce para volverse palabra, ritmo y resistencia. En cada verso se insinúa que crecer es aprender a soltar la posesión, la obediencia, el silencio impuesto; es atreverse a ser y a dejar ser. Ese gesto, profundamente humano, es también profundamente político. Porque defender el derecho a la cultura es defender la posibilidad de nombrar el dolor, de reclamar la justicia que la censura intentó callar y de sostener la memoria frente a quienes quisieron borrar las huellas.

Así, la canción no se agota en su tiempo y nos recuerda que el arte no es un refugio plenamente pasivo. Esta canción es una melodía que atraviesa dictaduras, géneros y generaciones para recordarnos que la libertad siempre comienza con un acto de imaginación.

Bibliografía

Di Vito, L. (2024). Salir de la melancolía: una tarde con Serú Girán. Barroquita.

https://barroquita.com/2024/04/18/la-entrevista-imposible-una-tarde-con-seru-giran-1988/

Feijoo, S. (2020). «Serú Girán fue la mejor banda del rock argentino». Tiempo argentino

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/seru-giran-fue-la-mejor-banda-del-rock-argentino/

Valenzuela, A. (2017). Salir de la melancolía. Página 12

https://www.pagina12.com.ar/134395-salir-de-la-melancolia

Vitola, V. (2022). La dictadura militar argentina y la censura: del Rock Nacional al Nuevo Cancionero del folklore. Página 12

https://www.pagina12.com.ar/410446-la-dictadura-militar-y-la-censura-de-la-musica-popular-argen#:~:text=En%20medio%20de%20este%20proyecto,desapegos%20a%20nuestros%20valores%20tradicionales%E2%80%9D.

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