Escrito por Shamira Ortiz, integrante de Warmisuyay; Gabriela Rojas, integrante de la Comisión de Publicaciones del Equipo de Derechos Humanos; y Derassú Ponce, integrante de la Comisión de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú
1. Introducción
En los últimos años se evidenciaron avances normativos en materia de igualdad de género, no obstante, las mujeres continúan enfrentando brechas estructurales que limitan el desarrollo y participación en distintos ámbitos de la sociedad. Estas desigualdades se manifiestan especialmente en el ámbito laboral y en la esfera política, donde persisten dinámicas que reproducen la subordinación histórica de las mujeres y restringen su acceso a oportunidades en condiciones de igualdad.
En este contexto, el presente artículo abordará, en primer lugar, la brecha salarial y sus principales causas y consecuencias. Posteriormente, se analizará la brecha de género en la participación política, poniendo especial atención en la importancia de la paridad en los espacios de representación y en los estereotipos y prejuicios que aún enfrentan las mujeres que ocupan cargos públicos, particularmente en el contexto peruano.
2. Brecha de género en el ámbito laboral y salarial
La brecha salarial de género constituye una de las manifestaciones más persistentes de desigualdad estructural entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Para empezar, este concepto se refiere a la diferencia promedio entre los ingresos percibidos por hombres y mujeres que participan en el mercado de trabajo; dicha diferencia no solo refleja disparidades en remuneraciones, sino también desigualdades en el acceso a oportunidades laborales, estabilidad en el empleo y posibilidades de ascenso dentro de las organizaciones. En términos generales, la brecha salarial evidencia que las mujeres tienden a recibir menores ingresos que los hombres incluso cuando poseen niveles similares de educación o desempeñan funciones comparables dentro del mercado laboral.
En el caso peruano, diversos estudios han demostrado que esta desigualdad continúa presente a pesar de los avances en la participación económica femenina. Según datos recientes basados en la Encuesta Nacional de Hogares, los hombres perciben ingresos promedio significativamente mayores que las mujeres; por ejemplo, se ha estimado que los hombres reciben aproximadamente S/ 2,109 mensuales, mientras que las mujeres perciben alrededor de S/ 1,536, lo que representa una diferencia aproximada de S/ 573 al mes. Esta disparidad refleja una brecha salarial cercana al 27 % en el país, cifra que evidencia la persistencia de desigualdades estructurales dentro del mercado laboral peruano.
Asimismo, investigaciones recientes señalan que la desigualdad no se limita únicamente al salario directo, sino que también se manifiesta en las oportunidades de desarrollo profesional y en el acceso a empleos formales o mejor remunerados. En muchos casos, las mujeres enfrentan mayores niveles de informalidad laboral, menores posibilidades de promoción y una menor presencia en puestos de liderazgo o dirección; estas condiciones contribuyen a que la brecha salarial se reproduzca de manera constante dentro de las estructuras laborales.
Las causas de esta brecha son múltiples y responden a factores sociales, culturales y económicos que se han consolidado históricamente dentro de las sociedades contemporáneas. Uno de los principales factores es la persistencia de estereotipos de género que asignan roles diferenciados a hombres y mujeres dentro de la sociedad; tradicionalmente se ha asociado a los hombres con el ámbito productivo y al liderazgo, mientras que a las mujeres se les ha vinculado con las tareas domésticas y de cuidado. Estas concepciones influyen en las decisiones laborales, en las oportunidades de contratación y en las trayectorias profesionales disponibles para las mujeres.
Otro elemento relevante es el denominado “techo de cristal”, concepto que hace referencia a las barreras invisibles que dificultan el acceso de las mujeres a puestos de mayor jerarquía o liderazgo dentro de las organizaciones. Aunque muchas mujeres logran incorporarse al mercado laboral y alcanzar altos niveles de formación académica, su presencia en cargos directivos continúa siendo limitada; como consecuencia, los puestos mejor remunerados tienden a concentrarse mayoritariamente en manos de hombres, lo que amplía la desigualdad salarial.
A ello se suma la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados dentro de los hogares. En numerosos contextos sociales, las mujeres continúan asumiendo una mayor carga de responsabilidades familiares, lo que puede limitar su disponibilidad para empleos de tiempo completo, posiciones de mayor responsabilidad o trayectorias profesionales más extensas; Dicha situación genera interrupciones laborales, menor acumulación de experiencia y, en consecuencia, menores ingresos a lo largo de la vida laboral.
Estos factores nos evidencian que la brecha salarial de género no puede comprenderse únicamente como una diferencia económica aislada, sino como el resultado de un conjunto de dinámicas estructurales que atraviesan el mercado laboral y la organización social. Comprender y analizar estas causas resulta fundamental para analizar las desigualdades persistentes entre hombres y mujeres, así como para promover políticas públicas orientadas a reducir dichas brechas y avanzar hacia condiciones laborales más equitativas.
La brecha de género en el ámbito laboral y salarial tiene un impacto directo en la independencia económica de las mujeres. Cuando las mujeres reciben menores ingresos que los hombres por trabajos de igual valor o enfrentan mayores barreras para acceder a empleos formales y bien remunerados, su capacidad para generar recursos propios se ve limitada. Esta situación reduce su autonomía financiera y, en muchos casos, puede generar dependencia económica de parejas o familiares, lo que restringe su capacidad para tomar decisiones libres sobre su vida personal, profesional y familiar.
Asimismo, esta desigualdad afecta las oportunidades de desarrollo económico a largo plazo. Los menores ingresos y las trayectorias laborales interrumpidas, muchas veces vinculadas a la mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados que asumen las mujeres, dificultan la acumulación de ahorros, inversiones y pensiones. Como consecuencia, enfrentan mayores riesgos de vulnerabilidad económica, especialmente en etapas posteriores de la vida, lo que perpetúa ciclos de desigualdad y limita su plena participación tanto en el ámbito económico como social.
3. Brecha de género en la participación política
La participación política de las mujeres en el Perú ha mostrado avances en las últimas décadas, especialmente a partir de reformas legales orientadas a reducir la brecha de género. Un ejemplo de ello es la implementación de la ley de paridad y alternancia, que exige que las listas electorales incluyan la misma proporción de hombres y mujeres. Gracias a estas medidas, el Congreso del periodo 2021-2026 alcanzó un récord histórico de representación femenina, con 50 mujeres de un total de 130 congresistas (alrededor del 40%), lo que evidencia un progreso en el acceso de las mujeres a espacios de decisión política. Sin embargo, posteriormente se aprobaron modificaciones a esta normativa que eliminaron el mecanismo de la paridad horizontal, el cual obligaba a los partidos políticos a presentar un número equilibrado de mujeres encabezando las listas electorales en las distintas circunscripciones. Esta modificación ha sido señalada como un retroceso en los avances hacia una representación política más equitativa.
Por ello, pese a estos avances normativos, persisten brechas importantes en la participación política femenina. En la práctica, las mujeres siguen teniendo menor presencia en posiciones de liderazgo dentro de los partidos y en los primeros lugares de las listas electorales. Por ejemplo, en el proceso electoral reciente hacia el nuevo Congreso, solo alrededor del 21,7% de las listas parlamentarias están encabezadas por mujeres, lo que refleja que los hombres continúan concentrando la mayor parte de las posiciones con mayores probabilidades de ser electas. Esta situación evidencia que todavía persisten barreras estructurales que limitan la participación equitativa de las mujeres en la política peruana.
Por ello, la paridad es uno de los mecanismos para garantizar la participación equilibrada entre mujeres y varones en espacios mayormente políticos. A diferencias de otras medidas, la paridad no se limita con un delimitar una cantidad de participación femenina, sino busca corregir la subordinado y poca representación que las mujeres a lo largo de la historia habían sufrido las desigualdades estructurales, situación que incluso hasta el dia de hoy hace que se debilite una democracia inclusiva y representativa. Las politólogas Arce y Suarez (2021) mencionan que, “cada cierto tiempo las mujeres se articulan con fines claros como recuperar la democracia, abogar por mayores niveles de autonomía del cuerpo, o para reclamar por el fracaso de las políticas para prevenir y sancionar la violencia de género.”
Igualmente, la participación política de las mujeres en el Perú, si bien ha mostrado avances formales como la Ley de paridad y alternancia (Ley N° 31030), enfrenta una barrera sistémica y persistente: la violencia política, específicamente el acoso político. A pesar de los avances normativos como la Ley N° 31155 (Ley que previene y sanciona el acoso contra las mujeres en la vida política), el acoso político persiste como una manifestación de la violencia de género, limitando la participación efectiva de las mujeres tanto en la etapa de candidatura como en el ejercicio de sus funciones públicas.
Finalmente, la sociedad ha asignado los espacios de toma de decisiones a los hombres, mientras que a las mujeres se les ha vinculado principalmente con el ámbito doméstico. Esta división simbólica de roles ha contribuido a limitar su presencia en la política y a cuestionar su legitimidad para ocupar cargos de liderazgo. Estas dinámicas se traducen en mecanismos de exclusión simbólica, como el cuestionamiento de su capacidad, la falta de confianza en su liderazgo y la deslegitimación de su presencia en los espacios de toma de decisiones.
4. Conclusión
En conclusión, a pesar de los avances normativos orientados a promover la igualdad de género en el Perú, las mujeres continúan enfrentando desigualdades estructurales que limitan su participación y desarrollo en distintos ámbitos de la sociedad.
Por un lado, en el campo laboral, la brecha salarial, la informalidad y las menores oportunidades de ascenso reflejan que aún existen condiciones desiguales que afectan la autonomía económica de las mujeres y restringen sus posibilidades de crecimiento profesional. Del mismo modo, en el ámbito político, aunque se han implementado mecanismos como la paridad y alternancia que han permitido aumentar la representación femenina, todavía persisten barreras como la escasa presencia de mujeres en posiciones de liderazgo, el acoso político y los estereotipos de género.
Estas realidades evidencian que la igualdad formal aún no se traduce plenamente en una igualdad real. Por ello, la igualdad de género no puede entenderse únicamente como un principio declarado en normas o discursos, sino como una transformación concreta de las estructuras sociales, económicas y políticas que históricamente han limitado la participación de las mujeres. Mientras estas barreras persistan, hablar de igualdad seguirá siendo insuficiente; el verdadero desafío es convertirla en una realidad cotidiana y efectiva para todas.
Bibliografia
Arce-Riffo, J., & Suárez-Cao, J. (2021). La paridad chilena y la lucha por una representación efectiva de las mujeres en política. Anuario de Derecho Público, 1, 129-147.
Congreso de la República del Perú. (2022, 08 de marzo). Récord histórico: cincuenta parlamentarias integran Congreso de la República 2021-2026. https://comunicaciones.congreso.gob.pe/noticias/record-historico-cincuenta-parlamentarias-integran-congreso-de-la-republica-2021-2026/
Chuco Aguilar, V. (2022). La brecha de género y salarial en el Perú. Revista Científica WARMI: Intervención en violencia contra las mujeres, 2(1).
https://revista.uct.edu.pe/index.php/warmi/article/view/240
Carrasco, M. (2025, 07 de marzo). Brecha salarial en Perú: 73% de mujeres con trabajo formal ganan menos de S/2000; hombres promedian más de S/2500. Infobae.
https://www.infobae.com/peru/2025/03/08/brecha-salarial-en-peru-73-de-mujeres-con-trabajo-formal-ganan-menos-de-s2000-hombres-promedian-mas-de-s2500/
León Leyva, R. (2024). Brecha salarial de género en el Estado peruano: Un análisis desde la ciencia de datos. Revista de Investigación Aplicada e Innovación I+i, 18, 94–112.
https://revista.tecsup.edu.pe/index.php/Imasi/article/view/91
Hokama, F. (2025, 18 de septiembre). Brecha salarial se estanca en los últimos 20 años: mujeres peruanas ganan S/ 573 menos que los hombres. RPP.
https://rpp.pe/economia/economia/brecha-salarial-se-estanca-en-los-ultimos-20-anos-mujeres-peruanas-ganan-s-573-menos-que-los-hombres-ipe-noticia-1655645
Yaya, A. (2026, 09 de marzo). Brecha de género en las elecciones 2026: 2 de cada 10 listas al Congreso son lideradas por mujeres. La República. https://larepublica.pe/amp/politica/2026/03/09/elecciones-generales-peru-2026-evidencian-brecha-de-genero-2-de-cada-10-listas-al-congreso-son-lideradas-por-mujeres-hnews-663246
No hay comentarios