“Hija mía, ¿sabes lo que es la reforma agraria? Es la tierra, es entregar la tierra a los trabajadores rurales para que la trabajen”. – (Elizabeth, 2023)
La definición de campesino es: “dicho de una persona: Que vive y trabaja de forma habitual en el campo.” (Real Academia de la Lengua Española, [RAE]). Sin embargo, la mera descripción es insuficiente para comprender la complejidad de los movimientos campesinos, así como el imperativo de sus demandas. El campo resulta, pues, no ser solo su herramienta de trabajo, sino su hogar y ese universo en el cual desarrolla su identidad. Es decir, las comunidades campesinas desarrollan un complejo nexo, cargado de significado en torno a los valles, pampas y cerros entre los que desempeñan su vida y sus relaciones sociales. Estilo de vida que se ve representado de manera bastante sentida en canciones como “Cholo Soy” de Luis Abanto Morales.
Entonces, si al campesino lo hace el campo, ¿qué sucede si el campo no le pertenece? ¿Es justo que aquel que nace en la tierra, vive y envejece trabajándola, muera y nunca llegue a ser dueño de ella? ¿Se permite la existencia de un esclavo en tiendas de raya (sistema de endeudamiento para permanecer en la hacienda) que es explotado por un hacendado que vivió de los frutos de esa tierra que trabajaron por él? ¿Puede el derecho a la propiedad volverse cuasi absoluto sustentado en títulos obtenidos de manera fraudulenta por favores políticos coloniales o vendidos a precios irrisorios por presidentes autoritarios? Ese es el hecho neurálgico que ha provocado la mayoría de revoluciones y levantamientos latinoamericanos a los largo del siglo pasado. Esa es también la razón de ser del nacimiento del Día de las Luchas Campesinas.
1. Contexto
La constitución de 1988 (art. 5°, inc. XXIII) declara que: “la propiedad privada atenderá su función social”. Esto significaba que si una gran finca era completamente improductiva o estaba abandonada, el Estado (a través del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria, [INCRA]) tenía el deber legal de expropiarla, indemnizar al dueño y redistribuirla entre familias campesinas para que la trabajaran. Siendo 1996, el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), había ocupado la finca Fazenda Macaxeira con unas 3500 familias de campesinos, alegando que era improductiva. e proponían,precisamente en virtud del interés social, poderse constituir como un asentamiento agrícola en el lugar.
Una vez asentados en la hacienda, debido a la precaria situación en la que debían subsistir, los campesinos sufrieron un brote de Malaria y requerían pronta atención del Estado. Desesperados por la falta de acción gubernamental, alrededor de 1,500 campesinos decidieron iniciar una marcha a pie hacia Belém (la capital del estado de Pará, a casi 1,000 kilómetros de distancia) para exigir una reunión directa con el gobernador y el presidente del INCRA.
2. Día del acontecimiento
El 17 de abril de 1996, cerca de 1.500 personas estaban acampadas en la “curva do S”, en Eldorado do Carajás, sudeste de Pará, Brasil, en forma de protesta. Se dirigían a Belém para exigir acciones estatales para su situación. No obstante, el gobierno estatal, bajo la presión de los grandes terratenientes locales, envió a la policía militar con la orden de despejar la carretera “a cualquier costo”. Es así que ese día el mundo sabría de las ejecuciones en Brasil gracias a que quedaría registrado por las cámaras de un noticiero local.
Ese día se produjo una masacre donde las fuerzas estatales dispararon a matar contra la población. Según la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT):
“El violento operativo se realizó a tiros de ametralladora y dejó un saldo de 19 muertos y centenares de heridos, 64 de los cuales con secuelas a vida. Entre los muertos, la gran mayoría habrían sido ejecutados de un tiro en la cabeza, muchos a quema-ropa y por la espalda. Varios fueron ejecutados a golpes con herramientas de trabajo agrícola después de ser arrestados y torturados delante de sus compañeros otros habrían muerto en los años siguientes como consecuencia de las heridas” (2002).
El entonces presidente Fernando Henrique Cardoso y sus asesores ensayaron un discurso en el que responsabilizaban a los campesinos de haber provocado el enfrentamiento, situación, cabe mencionar, bastante similar al proceder peruano (cuando sucedió la masacre de Juliaca, la ex mandataria Dina Boluarte también responsabilizó a los manifestantes). Sin embargo, según Fernanda Alcántara: “la presión nacional e internacional llevó al gobierno a anunciar medidas, incluida la creación del Ministerio Extraordinario de Política Agraria, encabezado por Raúl Jungmann (ministerio que posteriormente se convertiría en el actual Ministerio de Desarrollo Agrario y Agricultura Familiar – MDA)” (2026).
3. Judicialización del caso
Ningún alto cargo político fue responsabilizado penalmente. Ni el gobernador del estado de Pará (Almir Gabriel), quien dio la orden de “despejar la vía a cualquier costo”, ni el Secretario de Seguridad Pública enfrentaron juicios por la masacre. La justicia consideró que dar la orden de despejar una vía no equivalía a dar la orden de asesinar, rompiendo la cadena de mando a nivel político.
En 1999, inicialmente 155 policías militares fueron llevados a juicio. Los comandantes del operativo (el coronel Mário Colares Pantoja y el mayor José Maria Pereira de Oliveira) fueron absueltos por un jurado popular. El argumento de la defensa fue que era imposible realizar pruebas de balística precisas para determinar qué bala mató a qué campesino de forma individual. Este fallo causó un escándalo nacional e internacional y el juicio fue anulado.
En 2002 se realizó un nuevo juicio. Esta vez, la justicia cambió de enfoque: aunque no se pudiera probar la autoría material individual de cada disparo, los comandantes fueron juzgados por la responsabilidad de dirigir la operación. El coronel Pantoja fue condenado a 228 años de prisión y el mayor Oliveira a 158 años. A pesar de las condenas de 2002, ambos oficiales permanecieron en libertad durante toda una década gracias a recursos legales. Recién en 2012, tras agotar todas las instancias (incluyendo el Tribunal Supremo), fueron finalmente encarcelados. De los más de 150 policías que dispararon ese día, la inmensa mayoría fueron absueltos o sus casos archivados. El sistema judicial argumentó la “psicología de las masas” y la obediencia debida para exculpar a los rangos bajos.
4. Consolidación de la fecha en la sociedad civil
La Vía Campesina es el movimiento social más grande del mundo: agrupa a más de 200 millones de agricultores en 81 países. Cuando ocurrió la masacre el 17 de abril de 1996, este movimiento estaba celebrando su Segunda Conferencia Internacional en Tlaxcala, México. Al recibir la noticia de los asesinatos en Brasil, los delegados de decenas de países declararon esa fecha, como acto de repudio y solidaridad, como su día global de lucha.
La constante presión y la conmemoración de este día por parte de La Vía Campesina y sus aliados (como Amnistía Internacional y Greenpeace) logró escalar hasta las Naciones Unidas. Este esfuerzo sostenido dio como resultado que, en 2018, la Asamblea General de la ONU aprobara la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos (UNDROP), un instrumento jurídico internacional histórico que reconoce explícitamente los derechos a la tierra, las semillas y la protección frente a la violencia.
El célebre arquitecto brasileño Oscar Niemeyer diseñó un monumento en el lugar de la masacre (la “Curva de la S”). Tristemente, semanas después de ser inaugurado, el monumento fue destruido y vandalizado por terratenientes locales, lo que para la sociedad civil se convirtió en un símbolo adicional de la guerra por la tierra que aún persiste en la Amazonía.
5. Colofón
Conocer la historia de otros países siempre es importante para quien desea estudiar y defender los Derechos Humanos. Permite tanto comparar las inquietantes estrategias que reciclan nuestros políticos, como valorar el clamor compartido de nuestros sectores más vulnerables. En mi particular opinión, el país más parecido a nosotros en cuestiones de violencia por razones socio-raciales y la complejidad con la que sus gobiernos han desarrollado mecanismos para la corrupción estatal es Brasil.
Queda preguntarnos: ¿algún día superaremos la centralización? A mi juicio, la impunidad que rodeó a nuestros vecinos en 1996, —en la que únicamente dos personas enfrentaron la cárcel— es equiparable al asesinato de nuestros 50 conciudadanos en el contexto reciente, hecho por el que nuestros organismos de justicia no han logrado establecer la responsabilidad de ningún poder político o militar. Las víctimas comparten un patrón: pertenecen al sector estructuralmente marginado de sus respectivas sociedades, lo que, bajo las autoritarias lógicas de las fueras militares latinoamericanas, facilitan la posterior impunidad cuando se vulneran derechos humanos.
Esperemos que las luchas de nuestros respectivos pueblos logren reflejarse no solo con el derecho a un pedazo de su amada tierra, sino con el de ser sinceramente integrados en el proyecto-nación del suelo en el que nacieron.
6. Referencias
Alcántara, F. (2026). 30 años de la masacre de Eldorado do Carajás (Brasil). Pachakuti.
https://pachakuti.org/30-anos-de-la-masacre-de-eldorado-do-carajas-brasil/
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados [ACNUR]. (2001). Constitución Política de la República Federativa del Brasil, 1988
https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2001/0507.pdf
De Olho nos Ruralistas. (13 de febrero de 2025). Documentário Elizabeth (Dir.: A. Castilho, L. Indriunas, V. Nicolav, 2023) [Video]. YouTube.
https://www.youtube.com/watch?v=j7sfvcPFEe8
Real Academia Española. (s.f.). Campesino, na. En Diccionario de la lengua española. Recuperado el 17 de abril de 2026,
https://dle.rae.es/campesino
Organización Mundial Contra la Tortura [OMCT]. (2002). Brazil: The trial on the killing at Eldorado do Carajas begins April 8th.
https://www.omct.org/es/recursos/llamamientos-urgentes/brazil-the-trial-on-the-killing-at-el-dorado-do-carajas-begins-april-8th
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